
- Título original: Troll 2
- Nacionalidad: Italia | Año: 1990
- Director: Claudio Fragasso
- Guión: Claudio Fragasso, Rossella Drudi
- Intérpretes: Michael Stephenson, George Hardy, Margo Prey
- Argumento: Los Waits van al pueblo de Nilbog (je je je) a pasar sus vacaciones. Sin embargo, allí no encontrarán el paraíso idílico que esperaban, si no un mundo surrealista del color de la savia, dominado por duendes, brujas y absurdos
¡Bienvenidos al circo de los monstruos llamado italoexplotation! Pero amigos, no estamos jugando en segunda división, vamos a hablar sobre la caspa en su máximo esplendor, una película que grita a los cuatro vientos: “¡Soy un engendro! Pero soy especial”. Vamos a tener cantidades industriales de líquido verde, familias insoportables, mascaras de latex inexpresivas, fallos de linealidad temporal, malas actuaciones y lo mejor de todo: Una hora y media que te saca directamente de la realidad y las penas del día a día, con solo un puñetazo de diversión sin prejuicios.
Será necesario de vuestro estomago más fuerte para toda la tontería y desvergüenza de la que Troll 2 hace gala. Déjate llevar por tu lado más gamberro y échale un vistazo a la reseña, pero ten en cuenta tres premisas:
1.- La película es mala, horripilante, casi blasfema. Darle una puntuación e intentar evaluarla desde una perspectiva seria es inútil e injusto. Así que tomaos la nota y mis comentarios, como una conversación amistosa sobre ese cine ochentero tan trash, que nos ha dejado comedias más ó menos voluntarias que podrían resucitar un muerto a carcajadas. Aléjense de Troll 2 los Garci que hayan tenido la mala pata de caer por aquí.
2.- Hablaré sobre la versión doblada al castellano, en su primera edición en formato VHS. Uno de esos doblajes antológicos, con una extraña mezcla de falta de pasión y credibilidad alarmante, junto a momentos exagerados donde los gritos de los dobladores casi destrozarán los altavoces de tu televisor. Esta traducción es la guinda para tamaña psicotronia y recomiendo encarecidamente verla en español. Sencillamente, recomiendo ver Troll 2 para sacar uno sus propias conclusiones, por mucho que la gente hable; es de ver para creer (con esta cinta es difícil tener una opinión comedida)
3.- Esto no es una reseña al uso. Voy a proceder a destripar todo lo que considere necesario y más sobre el argumento (espera, ¿había argumento?) Insisto en que el espíritu de Troll 2 invita a una larga charla cervecera más que a una reseña digna, por lo que seré honesto con esta obra del anti-cine, e igual que ella dinamita cualquier definición de “coherencia” en su metraje, yo intentaré seguir tan divertida tendencia.


Dirigida, es una forma de hablar, en 1990 por Claudio Fragasso. Este caballero romano, es uno de los maestros de la italoexplotation. No en vano, trabajó codo con codo junto al denostado Lucio Fulci. Claudio no tuvo otra mejor idea que salir de Roma una mañana de 1989, con su mujer y unos amigos del brazo (aquí podría sonar la BSO del “Mago de Oz”), para tomar un avión con destino a Utah. Ubicación donde rodaría una película de terror barata con la que ganarse durante un tiempo la vida. Como en ese momento, estaban en el pico de su popularidad las películas baratas de terror protagonizadas por adolescentes y sus familias, se le ocurrió rodar una americanada con todos los elementos típicos de una década que agonizaba. Os hablo de niño pequeño, pero dinámico, como protagonista, hermana un poco repipi y modernilla, novio de la hermana más salido que un mono puesto de Viagra, padres en perpetuo estado de abducción, efectos mecánicos basados en látex, criaturas voraces y terror sobrenatural de sobremesa. Un mejunje que Fragasso debió de considerar sumamente comercial y vendible.
Y es que Italia, es una nación levantada por expertos comerciantes….pero como todos sabemos, los comerciantes suelen evadir cualquier referencia artística en sus negocios. Pero no se lo contéis al señor Fragasso porque tiene, como buen italiano, un carácter fuerte y algo egocéntrico. El hombre ya venía con buenas referencias, en su haber se cuenta el script de Terminator II (Shocking Dark, nada que ver con Cameron por desgracia) y la ardua tarea de terminar Zombie 3 que Fulci dejo por imposible y, rizando el rizo, continuarla con una Zombie 4 que a día de hoy, produce vergüenza ajena. Intentaré olvidarme de otras felonías dirigidas por este señor como La casa 5 (1990) ó Scalps (1987), puesto que su visionado no me aporto más que secuelas mentales graves.
Con tan tremendo bagaje, Claudio tenía una tremenda fe en si mismo y en el guión, que su esposa había redactado para la ocasión. De hecho, todas las películas de Fragasso parten de un guión de Rossella Drudi, y es que la familia es muy importante en la península de la bota. ¡Pero vaya guión mamma mia! Un sin fin de despropósitos, a mi juicio escritos a medida que se iba rodando, estos tienen su espectacular culminación en la elección de los actores.
¿Existe mejor idea qué contratar actores amateurs locales para ahorrar presupuesto? Vaya, la verdad que es una idea fantástica si no te importan los resultados, sobre todo en las futuras salidas laborales de los actores involucrados. A nuestro director, le debían importar un comino, cuando, por si fuera poco, tuvo a bien rellenar los espacios aburridos del guión con cientos de líneas de dialogo absurdas y primeros planos de las caras de los actores a tutti pleni. El resultado en este aspecto, es una película con algunas de las actuaciones más bochornosas (y divertidas) de la historia del cine. Bueno, hay que reconocer que la maniobra de Fragasso no estuvo desacertada, porque el exiguo presupuesto dio para sacar adelante la película, sin convertirla en una deplorable serie Z. Es más, algo de buen hacer se entrevé en su cortísima hora y veinte minutos. En concreto, la fotografía no es tan mala; siendo netamente italiana, resulta un placer la claridad con la que todas las escenas están rodadas. Sobre todo, porque nos permite disfrutar de todos sus ridículos fílmicos de una forma prístina. ¡Gracias Claudio!
Originalmente el film tenía que llamarse Goblin puesto que de esas alegres criaturas, pero en clave antropófaga, estaba lleno el set de rodaje. No me preguntéis que se había tomado la señora Drudi para escribir el deplorable libreto, pero fijaos en la insistencia, que se hace durante toda la película, sobre líquidos del color de la absenta. Sin embargo, y esto es un dato importantísimo para entender de que pie cojea la italoexplotation, el productor Joe D’Amato (otro terrorista sin sentido del gusto, que daría para un libro de ochocientas paginas sobre sus correrías en el séptimo arte), tuvo a bien bautizar a su pequeño engendro como Troll 2. ¿Por qué, si no era la segunda parte de nada? La película original, me niego a llamarla primera parte, se trata de una producción de Charles Band en la mejor tradición del resto de sus series B de la época (1986). ¡Guau! “Intentemos sacar filón de la secuela no autorizada de una serie B casposa” No queda menos que decir: ¡Qué viva Italia, Rafaela Carrá y la puñetera salsa boloñesa! Lo bonito es que todo el equipo de Troll 2 consigue, en comparación, dejar al film de Charles Band a la altura de una superproducción de Hollywood (y estamos hablando de una película donde uno de los personajes lleva una gorra del Betis durante buena parte del metraje) Así que no os llevéis a engaño sobre la relación entre las dos películas: Una de las frases celebres acuñadas a partir de esta obra cumbre de lo incoherente es “¿Troll 2 tiene trolls?”
¿Pero de qué demonios estamos hablando? ¿Qué disparatado argumento nos aguarda? ¿Por qué los goblins se molestan en ocultarse, vestidos con saco de arpillera, en un pueblucho destartalado de la América profunda? ¿Por qué mear sobre la comida puede salvarte la vida? Pasen y vean…aun queda mucho líquido verde por beber.

La familia Waits es una familia bien avenida, cuya hija mayor sale con un pajillero extraído directamente de la saga “Porky’s”, cuyos amigos son aun más feos y tienen el gusto de vestir como turistas de segunda.
El hijo pequeño de los Waits es un pecoso pelirrojo, con voz de pito, que se entretiene escuchando los cuentos macabros que el fantasma de su abuelo muerto tiene a bien relatarle a altas horas de la madrugada. Podríamos llamarlo “reinserción social para la tercera edad”.
¿Y los padres? El típico matrimonio feliz, que tras años de sufrir las tonterías de sus hijos, han sustituido el sexo por el intercambio, con extraños, de casas para pasar las vacaciones.
Así que ni cortos ni perezosos, la familia Waits se encamina, canturreando canciones horteras en su flamante ranchera, a la ciudad de Nilbog (Juego aprobado por el Departamento de Salud de Nilbog: beber un trago de cerveza cada vez que se pronuncia el nombre de nuestra orgullosa ciudad) Allí se encuentran a una recua de gárrulos malhumorados que les dejan una finca cochambrosa donde pasar sus vacaciones. Lo único positivo de los vecinos, a veces hoscos otras veces demasiado amables; son las ansias por alimentar a la familia Waits, con ricas viandas locales de color verde ó azul turquesa. Afortunadamente, el espíritu del abuelo se aparece puntualmente a Joshua, el hijo, para revelarle la horripilante verdad sobre los habitantes de Nilbog (¡El primer sorbo!) ¿A qué verdad nos enfrentamos? ¿Qué horror? ¿Son profundos? ¿Licántropos? ¿Degenerados endogámicos? ¿Todo en uno?
Mientras tanto, el novio de Holly, la hija, acampa junto a sus amigos patanes, en una rulote ubicada junto a la ciudad. Sentados apaciblemente, a la par que privan cerveza y ven películas basura en la televisión, esperan a que las hermosas indígenas de Nilbog (¡Otro trago!) lleguen para darles sexo, sexo y…¿sexo? Que romántica es la mente italiana capaz de perpetrar este sin fin de hermosas escenas
De vuelta a Nilbog (¡Otra birra camarero!), nuestro insoportable niño pelirrojo, gracias a su abuelo descubre que están rodeados de duendes con apariencia humana (“¡Nilbog es goblin al revés” Eres listo chavalote, este verano no necesitarás tu libro de vacaciones Santillana). Por si fuera poco, estos duendes quieren que su familia coma de los productos locales para convertirlos en un hibrido, mitad humano mitad planta, que a los goblins les encanta comer. ¿Qué puede hacer Joshua? Joven pero aguerrido, aprovecha los poderes de su abuelo para detener el tiempo durante treinta segundos, orinándose encima de la comida preparada por los horripilantes lugareños. ¡Otro pequeño gran héroe qué será recompensado con una azotaina! ¡Que injusto es el cine!
¿Y después de esta escena que redefine el genero de terror para convertirle en la broma definitiva del video-club? Más, más y más…

Todo, absolutamente todo, en Troll 2 chorrea. Amigos, los párrafos anteriores solo reflejan los quince primeros minutos de un film que va aumentando y acelerando sus despropósitos segundo a segundo. He insistido en las deleznables actuaciones sucediéndose en pantalla, pero de verdad, cuesta describirlas con meras palabras. Todos habéis visto películas malísimas, con actores de tercera, cuarta ó quinta fila. A la mitad de una de esas producciones, el botón de stop suele ser presionado. Sin embargo, en Troll 2 se desencadena una magia alucinógena (¿será por tanta absenta?) que provoca fascinación y desparrame a partes iguales. Uno no puede evitar sentir crecer el nerviosismo ante el rostro del chavalillo protagonista, ante las caras de berzotas de los amigos del novio de Holly, ante las caras de asquito que pone la misma Holly, el aturdimiento continuo del padre ó la cara de palo de la madre, danzando perpetuamente de forma atontada delante de la cámara. Es más, esta actriz con su carencia de expresividad, llega a provocar cierto terror; de hecho, Joshua debería haberse aliado con los goblins para matar a la bruja de su madre. Aun con todo este elenco, y no me meto con el actor que interpreta al abuelo fantasma porque me resultó simpático, uno no deja de reírse, porque finalmente el nerviosismo atroz se convierte en carcajada cuando las situaciones presentadas se le van de las manos a Claudio Fragasso. Incluso en algún momento, es inevitable ver que el equipo se toma con humor todos los desaguisados y tiran “pa’lante” con todo el aplomo que pueden reunir. Algunas de las escenas épicas y legendarias incluyen la ya citada meada sobre los alimentos y el siguiente surtido de psicodélicas tomas…(redoble de tambor maestro)
Un abuelo fantasma que se aparece en el espejo equivocado. En lugar de aparecerse en el cuarto de Joshua, el buen hombre tiene el cuajo de asustar a su nieta, apareciéndose en su habitación. Pero no pasa nada, el pecoso Joshua reprende a su abuelito mientras recibe nuevas lecciones sobre el mal de Nilbog (¡Esa cerveza! ¡Qué viaje!) Todo esto rubricado con un goblin saliendo del espejo roto (y vuelta al interior) repentinamente y sin venir mucho a cuento. Destacado momento onírico, que da cuenta de la procedencia italiana de su director.
Uno de los estúpidos amigos del novio de Holly, un gafotas obsesionado con el sexo, acaba en una iglesia tras huir de los goblins. Lo acompaña una bella jovencita que ha salido de la nada. De verdad, de la puñetera nada. En la iglesia hace acto de presencia el personaje más estrambótico de Troll 2: Una bruja de dientes purulentos y gestos exagerados, cuya tendencia a alargar las palabras es desquiciadamente divertida Por suerte, este personaje hace acto de presencia en bastante parte del metraje. Bien, la escena acaba abruptamente y sin tacto, cuando el muchacho ve aterrorizado a su acompañante, convertida en una pulpa verde que los goblins devoran con ansia inhumana. El plano de la cara del gafotas, con una mosca en la frente y una clara muela cariada, a la par que grita “¡Oh Dios miooooooooo!”, pasará a la historia del cine; aunque no de una manera gloriosa.
Otra escenita que se las trae. Una especie de fiesta que los aldeanos montan en casa de los Waits. Un montón de personas mayores (probablemente habitantes del pueblo donde se rodó todo este mamotreto) comandadas por un remedo de párroco siniestro, cuya mirada perdida es capaz de atravesar el granito, se dedican a bailar y dar palmas con un ritmo inexistente alrededor de una familia Waits, cuyos interpretes han perdido la noción del lugar donde se hayan. A esta confusión supongo que contribuiría el hecho de que la gran mayoría del equipo técnico no tenía ni idea de inglés; con lo que los actores trabajaron apenas guiados por la intuición. Por lo menos tenemos una explicación lógica para gran parte de los despropósitos, ¿no?.
Y así, una concatenación de gags (más ó menos) involuntarios, en los que un montaje deficiente ayuda a la sensación de descontrol, culminan en un final sin sentido y apocalíptico donde…donde…¡buf! es que me cuesta decirlo…donde un bocata doble de salchichón, traído del más allá por el abuelo, salva la vida de la familia en la base de unas piedras enormes provenientes de Stonehenge. Uno no puede menos que levantarse y aplaudir sonrojado, en estos álgidos momentos de sinsentidos. A lo comentado, le podemos añadir que cada dos por tres, para evitar el aburrimiento del espectador, Fragasso tiene a bien regalarnos la presencia de los goblins bajo una perfecta iluminación, junto a una banda sonora basada en sintetizadores. Pero, por desgracia, no en la tradición más imaginativa y soñadora de los sintes “italoexplotation’s style”, que bebieron mucho de BSO’s de las películas de Carpenter; si no en la tradición de lo estruendoso, repetitivo y desubicado. Una música cercana a las abominables películas de Jaimito (conocido como Giggi en su país natal) y no a otras maestras de la cara dura (el lado italiano) más exagerada como Alien 2 (1980) de Ciro Ippolito, la cual sí que goza con unos sintes capaz de inducir a la hipnosis y el descenso inmediato al sueño lucido.
Todos estos detalles lamentables no serían nada sin la acostumbrada capacidad de teletransporte de los personajes. Sí, esa habilidad de destruir la linealidad temporal que tenían los directores italianos de serie B. Un personaje esta en las afueras de Nilbog (¡Otra para refrescare el gaznate!), pero de repente…“¡hago chas y aparezco a tu lado”, más en concreto en tu casa, justo en el centro de la ciudad.
Otra habilidad nunca vista en el cine fantástico, es la de expulsar palomitas por todos los orificios de tu cuerpo. Escena, incluyendo bruja sexy, cuyo patetismo reto a cualquier otra película a igualar y que dejaré para el misterio en el caso de aquellos que aun no hayáis visto este compendio de locuras y efectos especiales de la vieja escuela. Aunque es muy socorrido el uso que se hace de las babas color verde, a mí no me desagrada, para nada, en ese aspecto.
Con todo lo expuesto ¿todavía no os habéis animado a echarle un vistazo? ¿Ni siquiera uno pequeñito? ¡Corred! ¡Ir a verla antes de que se acabe el mundo!
Fin del mundo que podría muy bien tener sus paralelismos con el epilogo de Troll 2. Escena breve y realmente terrorífica (la única de todo el metraje), donde por fin el sueño de Joshua y todos los espectadores tiene su culminación en las entrañas verdes y rezumantes, de una madre, que es succionada por unas mascaras de latex socarronas y sedientas. Vamos, la guinda turquesa a un pastel mohoso que cuesta evaluar y presentaros con seriedad. Siendo honesto, diré que esta cinta, resulta a ratos molesta para llegar a terminar siendo encantadora. Tiene un efecto claro, similar a distintas compañeras de viaje tales como TerrorVision ó El regreso de los muertos vivientes, Son entretenimientos que logran transportarte lejos de la gris realidad, para olvidar cualquier pena; sumergidos en un mar espumoso de liquido verde (De nuevo como la absenta). La verdad que es una película mala, muy mala; basura para ratas pestilentes. Sin embargo, como aficionado al cine de terror, diré que su visionado es obligado. Eso sí, olvidando “hypes” infundados (Repito: ¡¡¡Es muy muy mala!!!)
Aprovisionaos de cerveza, el nombre de Nilbog (¡Vaya ciego!) es pronunciado más veces de lo sanamente recomendable, rodeaos de vuestros amigos más cercanos y chalados, estad atentos al muchacho “¡Oh! ¡Dios mioooo!” y, sobre todo, mandad a cascar la realidad durante hora y media: Que el mundo se caiga, que vuestras parejas se vayan a dar una vuelta, que nuestros presidentes sean los más ricos del cementerio, que la oficina reviente entre llamas con olor a gasolina…nosotros tenemos una cita en Nilbog (¡Y otra!) y no es de buena educación hacer esperar a una bruja y sus duendes….
EPILOGO:
El Mito y la Leyenda

Es de dominio público que los extremos se tocan. Algo relativo al Ying y el Yang dicen los filósofos y místicos orientales. La verdad que me pregunto que dirían estas eminencias sobre Troll 2. Pero sí que conozco lo que dicen sus responsables, ó al menos Michael Stephenson, el niño que hizo de Joshua en la obra maestra (del bizarrismo, por supuesto) de Claudio Fragasso. Este señor, ya superado el trauma de las burlas en el colegio por su participación en una producción tan cutre, pregona a los cuatro vientos que participó en una obra cumbre del cine “trash”, en el mejor peor film del séptimo arte. No en vano lleva un año presentando su documental (destacado estreno en Sitges 09) Best Worst Movie. Una mirada pormenorizada y entrañable al rodaje de Troll 2 y sus secuelas psicológicas, con especial atención al mito forjado alrededor de, según los votos de los usuarios de la base de datos IMDB, una de las tres peores películas de la historia del cine. Aunque últimamente ha subido en la clasificación, es lo que tiene estar tan abajo que llegas a rozar la cima.
Durante el último lustro se ha generado una especie de aura de adoración sobre la cinta de Fragasso. Salvando las distancias, se trata de un fenómeno similar al que rodea The Rocky Horror Picture Show. La gente acude disfrazada al cine para ver proyecciones especiales de Troll 2, llegan con sus botecitos de líquidos verduzcos, coreando a gritos los mejores momentos del film y, en resumen, dejándose llevar por el espíritu idiota que auspicia una producción basura como la citada. No acabo de ver claro todo este sectarismo alrededor de Troll 2. Me parece exagerado compararla con The Rocky Horror Picture Show, una película que tenía otra intencionalidad y unas interpretaciones totalmente opuestas a la caspa italiana de Fragasso. Pasa como entretenimiento gamberro pero no alcanza el impacto que producen los sensuales bailes de Tim Curry, transvestido como el Mad Doctor más cachondo de la historia del cine: El Dr. Frank-N-Furter. Digamos, que a medida que pasa el tiempo, Troll2 se diluye en el recuerdo, aunque siempre queda una sonrisa evocando su título. Supongo que el carácter norteamericano les invita a “iconizar” con más facilidad que otras culturas de mayor bagaje histórico. De todos modos, si creéis que la cinta merece toda esa atención y más, os invito a comentarlo; porque es en los comentarios de los espectadores, donde estas películas se vuelven grandes y cobran una dimensión mayor. Al fin y al cabo, si no ha sido olvidada veinte años después, es porque consiguió calar en el alma de muchos jóvenes, servidor incluido, que se atragantaban por la risa mientras comían palomitas.
En cuanto al documental, poco hay que añadir. Se agradece que no siga la línea habitual de un Making-off y que intente aportar una mirada más personal acerca de la gente que se involucra en la realización de estos proyectos de bajo presupuesto y sus acérrimos seguidores. George Hardy juega un papel destacado en Best Worst Movie, padre de Joshua en 1990, en la actualidad ejerce como dentista (¿qué da más miedo?) y su figura sirve como motor de un homenaje nostálgico, presentado en forma documental. Entretenido testimonio, pero que deja un poco frío, por esa insistencia en un mito y leyenda que probablemente le quede grande a una producción, cuya única intención era ganarse un hueco en el video-club de tu barrio.
Lo mejor: Llega un punto en la película que todo es tan malo y ridículo, que finalmente olvidas cualquier pena. Además, es altamente revisionable
Lo peor: Casi todos los personajes pueden llegar a producirte un ataque de nervios por su estupidez y por sus intérpretes
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